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Preguntas Frecuentes

Mario Garza Livas
Veinte preguntas para conocerme a fondo

Veinte preguntas para quien quiera conocer a Mario más allá de la landing personal y del perfil profesional. La landing personal dice quién es; el perfil profesional, qué hace; este FAQ responde cómo piensa, por qué y desde dónde vive. Van en cinco capas, del mapa al centro, en primera persona.

I

La pregunta

De dónde viene todo. Preguntas 1–4

01 ¿Cuál es la pregunta que ha guiado casi todo lo que has hecho hasta ahora?

¿Qué hace que algo no se rompa cuando las condiciones cambian?

Me la hice en una planta industrial, sin saber todavía que me la estaba haciendo. Volvió en una mesa de negociación de deuda, al fundar una empresa, al administrar un portafolio, al lado de futbolistas y clubes, y frente a un salón de clases.

La respuesta casi nunca estuvo donde todos miraban. Rara vez el problema está en la pieza que falla; casi siempre está en la relación entre las piezas. Con los años apareció una segunda pregunta, más honda, que hoy ordena a la primera: ¿para qué es todo esto, y para quién?

02 ¿Hubo un momento que cambió tu manera de ver las cosas? ¿Por eso elegiste la palabra “metanoia”?

No fue un relámpago. Fueron experiencias con consecuencias reales. He visto caer cosas que parecían sólidas, y me ha tocado estar donde hay que decidir qué se protege cuando ya no se puede proteger todo. Esas decisiones no se toman con una hoja de cálculo.

De ahí salió algo que ya no he podido dejar de ver: una empresa, un cargo o un patrimonio son medios, no fines. Cuando alguien pone su valor en lo que tiene, la vida se lo puede quitar todo sin pedir permiso.

Los griegos tenían una palabra para eso: metanoia. No significa mejorar; significa cambiar la manera de ver. La elegí porque describe lo que me pasó a mí antes de describir lo que hago. Primero fue un libro, después una firma y, al final, una vocación.

03 Tu trayectoria abarca la industria, las finanzas, el fútbol, la academia, la escritura y los apostolados. ¿Cómo se sostiene sin fragmentarse?

Quien la mire desde fuera verá una colección de saltos. Yo veo una sola pregunta cambiando de lugar.

Lo que la sostiene no es un plan de carrera, sino un orden: primero la persona, después lo que construye y al final lo que tiene. Ese mismo orden lo aplico en una empresa, en un patrimonio, en un club o en un alumno.

Mis proyectos también responden a una sola arquitectura en tres capas. ineXorable es la capa intelectual: cómo entender el mundo. Hágase Tu Voluntad es la espiritual: por qué vivir. The Metanoia Group es la operativa: cómo actuar. Son la misma idea vista desde tres lugares.

04 Has fundado, reestructurado y vendido empresas, y gestionado capital en mercados adversos. ¿Qué lecciones de esas experiencias siguen vivas en ti?

Reestructuré USD 20 millones de deuda, dirigí la venta de una empresa industrial, fundé una microfinanciera que creció a más de veinte sucursales y terminó en una adquisición, y administro capital propio desde hace años. Tres lecciones siguen conmigo.

La primera: la crisis no crea la fragilidad; la revela. El mal diseño es invisible mientras la realidad coopera.

La segunda: la estructura viene antes que los resultados. El portafolio que se construye solo para los tiempos buenos no puede volverse ofensivo cuando llegan los malos.

La tercera, la más personal: lo que construyes nunca debe convertirse en lo que eres. Una empresa rentable que depende de que su fundador nunca se ausente no es una empresa; es un cuello de botella.

II

La mente

Cómo pienso y desde dónde decido. Preguntas 5–9

05 ¿Qué significa realmente ser “Arquitecto de Sistemas de Alto Rendimiento”, y por qué no te defines como consultor o coach?

Tengo roles con esos nombres, y los ejerzo con gusto. Pero el centro de mi trabajo está en otro nivel: no en la decisión, sino en el diseño desde el cual se decide.

Un consejo depende de quién lo da. Una arquitectura funciona independientemente de quién la habita. Por eso mi trabajo consiste en aportar estructura donde hay talento, claridad donde hay complejidad y sostenibilidad donde hay crecimiento acelerado.

“Alto rendimiento” no lo digo por el fútbol solamente. Lo digo por cualquier sistema que tiene que seguir funcionando cuando el entorno deja de ser favorable: una persona, una empresa, un patrimonio.

06 ¿Por qué insistes en el orden Ser → Hacer → Tener?

Porque lo que se construye hacia afuera no puede exceder lo que está ordenado hacia adentro.

La persona va primero; después, lo que construye; al final, lo que tiene. Invertir ese orden es la forma más silenciosa de volverse frágil. Cuando alguien piensa “tengo un patrimonio, luego soy alguien” o “tengo un cargo, luego valgo”, pone su identidad entera sobre variables que pueden perderse.

Lo he visto en personas brillantes que se desmoronan al perder el puesto, porque en algún momento confundieron lo que hacían con lo que eran. Y antes de ese orden hay uno anterior, que para mí lo sostiene todo: Dios, Ser, Hacer, Tener.

07 ¿Por qué el fútbol profesional se volvió uno de tus laboratorios más exigentes?

Porque ahí el margen de error es cero, el ganador se lo lleva todo y la presión no es episódica: es permanente. No hay versión borrador del error.

El fútbol me enseñó algo que después vi en todas partes: hay clubes con el doble de presupuesto que pierden de forma sistemática contra otros que gastan la mitad. El dinero no produce rendimiento; la coherencia interna sí.

Trabajo en ese ecosistema como agente FIFA, como consultor y como investigador. Y además es una de mis pasiones. Lo que funciona ahí, bajo esa presión, suele funcionar en cualquier lugar.

08 ¿Qué te llevó a estudiar inteligencia artificial en este momento de tu vida, y qué investigas en tu doctorado?

No lo hago por la credencial. Lo hago porque necesito esa capacidad para lo que construyo.

Estoy en proceso de doctorarme en McCombs School of Business, donde investigo cómo la memoria de la IA puede transformar el consejo y el juicio estratégico. La consultoría convencional olvida: cada sesión empieza casi de cero. Me interesa una asesoría que acumule, donde cada conversación mejore las siguientes.

No creo que la IA reemplace el juicio. Procesar más rápido no es lo mismo que deliberar mejor. Cuando la inteligencia se vuelve abundante, lo escaso deja de ser la capacidad de pensar: lo escaso es el criterio.

09 ¿En qué has cambiado de opinión?

En varias cosas importantes, y me alegra.

Antes creía que la clave era anticipar mejor el futuro. Hoy creo que la clave es depender menos de acertarlo. Antes creía que había que optimizar todo; hoy creo que primero hay que preguntar si eso merece existir. Y antes cargaba con la ilusión de controlar los resultados; hoy sé que respondo por lo que siembro, no por lo que cosecho.

Intento examinar mis propias convicciones con el mismo rigor que las ajenas. A veces lo logro. Desconfío un poco de quien dice tener respuestas definitivas, empezando por mí.

III

La obra

Lo que escribo y cómo acompaño. Preguntas 10–13

10 ¿Por qué escribes tanto, por qué regalas tus libros y por dónde conviene empezar a leerte?

Escribo para que otros no tengan que tropezar con piedras que alguien ya señaló. Mis libros no son una colección de temas: son la misma pregunta mirando la empresa, el dinero, el matrimonio, la paternidad, la verdad o la fe.

Los regalo porque creo que nada nos pertenece del todo. Si algo de lo que aprendí puede servirle a alguien, prefiero que llegue sin barreras: en PDF, sin costo y sin registro.

Para empezar, recomiendo Metanoia: Haz tu parte y deja que Dios haga el resto, el libro donde todo comenzó. Después, según lo que estés viviendo: Arquitectura Empresarial si diriges una empresa, El Dinero es una Promesa si administras un patrimonio, Áskesis si quieres ordenar tu vida interior y 1 + 1 = N si estás construyendo una casa. La obra completa tiene más recorridos sugeridos.

11 Cuando alguien llega a ti, ¿cuál es la primera pregunta que te haces y que le haces?

Antes de preguntar qué decidir, pregunto desde dónde se está decidiendo.

Casi siempre la persona llega con un problema visible: ventas que caen, un equipo que no coordina, un patrimonio que preocupa. Esos problemas son consecuencias. La pregunta que me hago es otra: ¿dónde está la desalineación real? No dónde cree la persona que está, sino dónde realmente está.

Y la que le hago a ella es sencilla de formular y difícil de responder: ¿está tu sistema correctamente ordenado? No tu empresa, no tu patrimonio, no tu estrategia: tu sistema completo.

12 ¿Con qué personas o situaciones tu trabajo tiene más sentido, y en cuáles prefieres no entrar?

Tiene más sentido con quien ya construyó algo real y sabe, con honestidad, que el problema no está en su esfuerzo sino en su arquitectura. No busco personas exitosas; busco personas dispuestas a crecer. Y prefiero llegar antes de que la disrupción fuerce la conversación: la arquitectura se construye en calma, no bajo presión.

Prefiero no entrar cuando lo que se busca es arreglar una pieza aislada sin mirar el sistema, una predicción del futuro o alguien que decida por uno. Tampoco cuando la fe se usa para bendecir planes ya decididos. Si la pregunta del sistema completo te parece obvia, probablemente no es el momento.

13 Si pudieras dejar instalada una sola cosa en tus alumnos, futbolistas y clientes, ¿cuál sería?

La costumbre de preguntarse desde dónde están decidiendo antes de preguntarse qué decidir.

Me incomoda la idea de que alguien dependa de mí. Cuando acompaño a un líder, represento a un futbolista o doy clase, lo que busco es que el día que yo no esté, algo quede instalado. Para mí, esa es la prueba más exigente de cualquier trabajo bien hecho: qué permanece funcionando cuando quien lo sostenía ya no está.

IV

La persona

La vida detrás del trabajo. Preguntas 14–17

14 ¿Cómo influye ser esposo y padre en la forma en que piensas, decides y trabajas?

Más de lo que cabe en una respuesta. Llevo diez años casado y tengo una hija de cuatro que es tremenda y es mi vida entera. Mucho de lo que escribo sobre matrimonio y paternidad lo escribo pensando en ellas, y en el esposo y padre que quiero ser.

Mi casa me enseñó que un gran matrimonio no es una decisión extraordinaria tomada una vez, sino miles de decisiones pequeñas sostenidas durante décadas. Y que el éxito de un padre consiste, al final, en dejar de ser necesario: la misma prueba que aplico a una empresa, aplicada donde más duele.

También me ordena el tiempo. Ningún proyecto vale lo que cuesta si me hace descuidar a quienes amo por construir una vida que considero mejor.

15 Fuera del trabajo, ¿qué te da vida de verdad?

Soy bastante más sencillo de lo que esta página sugiere.

Me apasiona pensar y escribir sobre lo que pienso. Leo y aprendo cosas nuevas todo el tiempo; la curiosidad ha sido mi maestra más constante. Toco el piano, compongo y juego ajedrez. Me gustan el fútbol, correr, viajar y conocer la historia de los lugares que visito.

Y nada se compara con las experiencias memorables con mi familia y mis amigos. Ahí es donde más claramente reconozco a Dios como fuente de la alegría.

16 ¿Cómo vives tú lo que enseñas? ¿Qué hábitos te ayudan a no confundir lo que haces con lo que eres?

Con honestidad: no siempre lo logro. Avanzo como casi todos, unos pasos hacia adelante y alguno hacia atrás, procurando que la cuenta salga a favor.

Lo que sí hago es apoyarme en estructura y no en fuerza de voluntad. Tengo por escrito mis metas y los principios con los que decido, y vuelvo a ellos para revisarlos y corregirlos. Practico lo que enseño en Áskesis: frugalidad, disciplina y fe; necesitar menos, cumplir lo que corresponde y ofrecer el esfuerzo.

Y procuro anclar mi identidad donde la presión no la alcanza. Mi dignidad no depende de alcanzar mis objetivos ni de demostrar que puedo con todo. Puedo trabajar con firmeza sin vivir esclavizado por los resultados.

17 ¿Cómo vives la presión, el fracaso o lo que no sale como esperabas?

Aprendí a separar dos cosas que casi nunca van juntas: responsabilidad plena y control limitado. Respondo por completo de lo que siembro, pero no controlo la cosecha.

En los momentos más difíciles dejé de necesitar la aprobación de los demás, porque entendí que la única mirada que de verdad importaba era la de Dios. Eso me dio una libertad que no da ningún resultado.

Tengo también una regla práctica: en los momentos de desánimo no cambio lo esencial ni tomo decisiones grandes; limito acciones y me mantengo fiel. Y me recuerdo algo que también les digo a otros: se puede fracasar sin ser un fracaso.

V

El centro

Lo que lo sostiene todo. Preguntas 18–20

18 ¿Qué lugar ocupa tu fe, y por qué decides no imponerla, pero tampoco ocultarla?

Soy católico, y la fe no es un apartado de mi vida: es su centro. Todo lo demás, la familia, el trabajo, el dinero, el cuerpo, el tiempo y el descanso, gira o debería girar alrededor de ella.

No la impongo ni la uso como argumento. Quien trabaja conmigo no tiene que compartirla, y la respeto en quien piensa distinto. Pero sería deshonesto presentarme sin decirlo.

En mi trabajo no se introduce, no se impone y no se vende. Ojalá se note de otra forma: en la calidad del juicio, en la estabilidad bajo presión y en la coherencia entre lo que digo y lo que vivo.

19 ¿Qué significa en la práctica “haz tu parte y deja que Dios haga el resto”? ¿Qué diferencia hay entre cambiar el mapa y cambiar el centro?

No es una invitación a hacer menos. Es hacer exactamente lo que me corresponde, y dejar de intentar lo que nunca me correspondió.

Hay dos transformaciones distintas. La primera cambia el mapa: la manera de ver, juzgar y decidir. Depende, en buena medida, de uno mismo. La segunda cambia el centro: dejar de ser uno el fundamento de su propia vida. Esa no se fabrica; se recibe, y exige cooperación.

Lo resumo así: tú cambias el mapa; Dios cambia el centro. En la práctica significa trabajar con todo, con rigor y disciplina, y después entregar el resultado. Ni el puño cerrado de quien teme perderlo todo, ni la mano caída de quien renuncia a actuar: la mano abierta.

20 ¿Hacia dónde apunta todo lo que construyes, y cómo te gustaría ser recordado?

Hacia una sola cosa: convertir potencial en vidas, obras y patrimonio que trasciendan. Me gustaría contribuir a una generación de líderes en el mundo hispanohablante que no necesite esperar al colapso para ordenarse.

Creo que nada nos pertenece del todo: todo se nos confía. Un hijo, una empresa, un patrimonio, un alumno, un planeta. Al final importa menos lo que custodiamos que en quién nos convertimos mientras lo hacíamos.

Si me recuerdan, me gustaría que fuera así: esposo, padre, constructor, custodio, hombre de fe. Alguien que se preguntó para qué eran las cosas, intentó hacer su parte y puso el resto en manos de Dios.

Ad Majorem Dei Gloriam.

Si después de leer esto quieres conversar, las puertas están abiertas.