Manifiesto Fundacional · Fraternitas Catholica

El Manifiesto del Florecimiento Fraterno

Un marco católico para la reciprocidad, la mutualidad, la solidaridad y el bien común

Los principios que orientan la vida de la fraternidad: cómo entendemos a la persona, el trabajo, la riqueza, la autoridad y el servicio, y lo que nos comprometemos a vivir juntos.

12 partes · 56 principios

—

Florecer juntos en Cristo

Preámbulo

Creemos que la persona humana ha sido creada por Dios, dotada de una dignidad inherente, llamada a la verdad y al amor, e invitada a la plenitud de vida en Jesucristo.

Creemos que los dones confiados a cada persona —la fe, la inteligencia, el carácter, la competencia profesional, la autoridad, las relaciones, los recursos materiales y las oportunidades— conllevan responsabilidades que van más allá del provecho personal.

Creemos que el florecimiento humano es personal y relacional, material y espiritual, temporal y eterno. Comprende el desarrollo de la virtud, el cumplimiento de las responsabilidades legítimas, el cultivo de relaciones significativas, el ejercicio de la libertad en la verdad, la creación de valor duradero y el servicio al bien común. Ninguna medida de éxito mundano puede sustituir la búsqueda de la santidad ni la recta ordenación de la vida hacia Dios.

Creemos que la fraternidad es más que afinidad, red de contactos o intereses compartidos. Es una forma de vida en la que las personas se acompañan mutuamente, se hablan con verdad, disciernen con responsabilidad, cultivan la virtud, comparten el peso de responsabilidades legítimas y se ayudan unas a otras a ser más fieles en las circunstancias en que Dios las ha puesto.

Creemos que la reciprocidad fortalece la confianza, la mutualidad profundiza nuestra comprensión de la responsabilidad compartida, la solidaridad vuelve concreta nuestra preocupación de unos por otros, y la caridad da a su ejercicio su forma específicamente cristiana.

Reconocemos también que la reciprocidad no agota la caridad. Debemos deberes de justicia allí donde existen derechos y obligaciones; debemos amor al prójimo más allá de los límites de las relaciones personales; y hemos de permanecer atentos a quienes no pueden contribuir, corresponder ni favorecer nuestros intereses de manera inmediata.

Creemos que la riqueza, la autoridad profesional, el capital, el conocimiento y la influencia son bienes legítimos cuando se adquieren rectamente y se ordenan rectamente. No son fines en sí mismos. Son capacidades confiadas mediante las cuales podemos cumplir nuestra vocación, cuidar de quienes se nos han confiado, crear valor productivo, sostenernos unos a otros y servir al bien común.

Por ello buscamos cultivar una fraternidad en la que la formación interior produzca una transformación exterior: donde la fe informe las decisiones, la prudencia guíe la acción, la responsabilidad rija el ejercicio de la autoridad y la solidaridad dé fruto en la vida de los miembros, de sus familias y de quienes están más allá de la fraternidad.

Nuestro propósito no es apartarnos del mundo, instaurar una casta moral privilegiada ni construir un sistema económico cerrado. Es ayudarnos mutuamente a vivir la vocación cristiana con mayor coherencia precisamente allí donde trabajamos, dirigimos, invertimos, construimos, servimos y asumimos responsabilidades.

Los principios que siguen establecen la orientación ética y espiritual de este empeño. No sustituyen al Evangelio, a la enseñanza de la Iglesia, a la autoridad legítima del gobierno eclesiástico ni al juicio prudencial que exigen las circunstancias particulares. Son un marco común para llevar a la práctica la convicción católica.

—

Índice

Doce partes. Cincuenta y seis principios. Una sola vida.

Parte I

LOS PRIMEROS PRINCIPIOS: DIOS, LA PERSONA HUMANA Y EL PROPÓSITO DEL FLORECIMIENTO

Principio 1

Dios es el fin último de la vida humana

El propósito último de la vida humana es la comunión con Dios. Todo bien temporal debe entenderse en relación con este fin último.

  1. 1.1El éxito profesional, la prosperidad material, la influencia social y los logros personales son bienes legítimos, pero ninguno de ellos es el bien supremo.
  2. 1.2La búsqueda del florecimiento debe permanecer ordenada hacia la verdad, el bien, la santidad y el amor de Dios.
  3. 1.3El progreso material debe sostener una vida de virtud y de vocación, en lugar de convertirse en su sustituto.
  4. 1.4Ninguna institución, fraternidad, carrera, empresa u objetivo financiero debe exigir de una persona la lealtad última que solo a Dios corresponde.
  5. 1.5El valor de un logro no puede juzgarse únicamente por su rentabilidad, su prestigio, su escala o su reconocimiento público.
  6. 1.6Las decisiones deben examinarse a la luz tanto de sus consecuencias temporales como de su significado moral.
Principio 2

Toda persona humana posee una dignidad inherente

Toda persona humana posee una dignidad que no depende de la riqueza, la productividad, la posición social, la competencia, la salud, la influencia ni la pertenencia a una comunidad determinada.

  1. 2.1Cada persona debe ser tratada como un fin en sí misma, nunca como un mero instrumento del éxito de otro.
  2. 2.2Las relaciones económicas y profesionales deben respetar la dignidad y los derechos legítimos de todos los afectados.
  3. 2.3La dignidad de una persona permanece intacta cuando fracasa, se vuelve vulnerable, pierde su riqueza o necesita ayuda.
  4. 2.4Las diferencias de logros y de responsabilidades no establecen diferencias en el valor humano fundamental.
  5. 2.5El valor de ningún miembro se agota en su utilidad para la fraternidad.
  6. 2.6La dignidad de quienes están fuera de la fraternidad no es menos real que la dignidad de sus miembros.
Principio 3

La persona humana debe ser considerada en su plenitud

El florecimiento humano abarca las dimensiones espiritual, moral, intelectual, relacional, física, familiar, profesional y material.

  1. 3.1Ninguna dimensión del éxito, por sí sola, debe tomarse como medida suficiente de la vida de una persona.
  2. 3.2El logro profesional debe integrarse con las responsabilidades familiares, la integridad personal, la salud, la vida espiritual y el servicio.
  3. 3.3La seguridad material es importante, pero no puede compensar plenamente la corrupción moral, el descuido de las relaciones ni la pérdida de un recto sentido del propósito.
  4. 3.4El desarrollo humano debe cultivar el buen juicio, la libertad, la responsabilidad, la virtud y la capacidad de amar.
  5. 3.5La búsqueda de la excelencia debe fortalecer a la persona entera, en lugar de consumirla al servicio de una sola ambición.
  6. 3.6La formación fraterna debe favorecer la integración, y no la compartimentación, de la fe, el trabajo, la familia y la responsabilidad pública.
Principio 4

El florecimiento es personal, relacional y comunitario

La persona humana florece mediante su propia capacidad de agencia y mediante relaciones que hacen posible el desarrollo y el ejercicio de sus capacidades.

  1. 4.1La responsabilidad individual y la responsabilidad mutua son complementarias.
  2. 4.2El logro personal debe reconocerse sin negar las aportaciones de la familia, los colegas, los mentores, las comunidades y las instituciones.
  3. 4.3La cooperación puede multiplicar los beneficios del conocimiento, los recursos, las oportunidades y la experiencia.
  4. 4.4El bien de un miembro debe considerarse en relación con el bien legítimo de su familia, sus colegas, su comunidad y la sociedad en general.
  5. 4.5El florecimiento compartido debe ampliar la libertad y las capacidades de las personas, en lugar de absorberlas en una identidad colectiva.
  6. 4.6Una fraternidad sana ayuda a sus miembros a ser más capaces de cumplir sus responsabilidades más allá de la propia fraternidad.
Principio 5

El bien común es el propósito social rector

El bien común consiste en las condiciones sociales que permiten a las personas y a las comunidades alcanzar su propia realización de acuerdo con su dignidad y su vocación.

  1. 5.1El bien común es más que la suma de la riqueza o de la satisfacción de los miembros individuales.
  2. 5.2Las decisiones deben considerar sus efectos sobre las personas, las familias, los trabajadores, las instituciones, las comunidades y las generaciones futuras.
  3. 5.3La prosperidad de la fraternidad debe evaluarse, en parte, según ayude o no a los miembros a cumplir sus responsabilidades legítimas y a contribuir al bien de los demás.
  4. 5.4La ventaja privada no debe buscarse mediante la injusticia, la explotación, el engaño ni la transferencia injusta de costos a otros.
  5. 5.5Los recursos compartidos y los esquemas institucionales deben servir a fines humanos legítimos, y no al prestigio institucional.
  6. 5.6El bien común exige el respeto a la dignidad humana, a la libertad legítima, a la justicia, a la participación social y a las responsabilidades morales de quienes ejercen la autoridad.
Principio 6

La fe debe informar la totalidad de la vida

La fe no es un compartimento aislado de la existencia personal. Ofrece el horizonte desde el cual el cristiano comprende a la persona, el trabajo, la riqueza, la autoridad, la familia, la libertad y el servicio.

  1. 6.1La convicción católica debe informar el juicio profesional y las decisiones de consecuencia.
  2. 6.2Las obligaciones morales no desaparecen cuando una persona entra en un lugar de trabajo, una sala de consejo, un comité de inversión o una negociación comercial.
  3. 6.3La competencia técnica debe ir acompañada de juicio moral.
  4. 6.4El lenguaje de la fe debe traducirse en una conducta veraz, decisiones justas, un liderazgo responsable y un servicio concreto.
  5. 6.5Las expresiones públicas de identidad católica no pueden sustituir la integridad en la conducta privada y profesional.
  6. 6.6La fe debe conducir a una mayor coherencia entre la creencia, el juicio, la acción y las consecuencias de las propias decisiones.
Parte II

LA ÉTICA CATÓLICA DE LA RECIPROCIDAD, LA MUTUALIDAD Y LA SOLIDARIDAD

Principio 7

La reciprocidad es un fundamento de la confianza fraterna

La reciprocidad da una estructura duradera a la cooperación al establecer expectativas razonables de responsabilidad mutua.

  1. 7.1Los miembros deben procurar contribuir de manera significativa a la fraternidad y al bien legítimo de los demás.
  2. 7.2Las contribuciones pueden adoptar diversas formas, entre ellas tiempo, experiencia profesional, ayuda económica, mentoría, hospitalidad, consejo, oración, servicio práctico y el uso responsable de la influencia.
  3. 7.3La reciprocidad no exige una retribución inmediata ni intercambios idénticos.
  4. 7.4Las contribuciones y los beneficios pueden ser desiguales en su forma y en su momento sin dejar de ser conformes con la equidad y la caridad.
  5. 7.5Las obligaciones mutuas deben ser lo suficientemente claras como para sostener la confianza y prevenir malentendidos evitables.
  6. 7.6Los miembros deben cumplir sus compromisos o comunicarlo con honestidad cuando las circunstancias les impidan hacerlo.
  7. 7.7La reciprocidad no debe convertirse en un cálculo comercial del valor de cada relación.
  8. 7.8El propósito de la cooperación recíproca es fortalecer la fidelidad, la confianza, la responsabilidad y el florecimiento compartido, no poner precio a las relaciones humanas.
Principio 8

La mutualidad exige reconocer una responsabilidad compartida

La mutualidad es el reconocimiento de que el bien de una persona puede estar vinculado al bien de los demás, y de que las responsabilidades pueden cumplirse con mayor eficacia mediante la cooperación.

  1. 8.1Los miembros deben buscar oportunidades para ayudarse mutuamente a cumplir sus legítimas responsabilidades personales, familiares, profesionales y sociales.
  2. 8.2La ayuda mutua debe fortalecer las capacidades tanto de las personas como de la fraternidad.
  3. 8.3Las diferencias de intereses deben atenderse mediante una comunicación honesta, una negociación justa y un juicio sensato.
  4. 8.4Los miembros deben abstenerse de buscar ventajas que dependan del debilitamiento injusto o de la explotación de otros.
  5. 8.5Los intereses compartidos deben cultivarse sin negar la existencia de auténticos conflictos de interés.
  6. 8.6La mutualidad debe alentar la generosidad y la cooperación sin exigir uniformidad de vocación, personalidad o circunstancias.
  7. 8.7La fraternidad debe procurar esquemas en los que el progreso de un miembro pueda convertirse en fuente de beneficio legítimo para los demás.
Principio 9

La solidaridad debe hacerse concreta

La solidaridad es a la vez una virtud moral y un principio social. Exige un compromiso auténtico con el bien de los demás, expresado en la conducta y, cuando corresponda, en esquemas institucionales.

  1. 9.1La solidaridad fraterna no debe quedarse en el plano del sentimiento, de la identidad o de las declaraciones de lealtad.
  2. 9.2Los miembros deben estar dispuestos a ofrecer la ayuda adecuada cuando otro miembro enfrente una dificultad grave o un desafío de consecuencias importantes.
  3. 9.3La ayuda puede consistir en recursos materiales, experiencia profesional, presentaciones con terceros, tiempo, servicio práctico, apoyo emocional o acompañamiento.
  4. 9.4La solidaridad debe organizarse lo suficiente como para que la ayuda legítima sea confiable.
  5. 9.5Los miembros deben estar atentos a necesidades que quizá no sean visibles públicamente.
  6. 9.6La manera de prestar ayuda debe preservar la dignidad, la capacidad de agencia y la legítima privacidad de quien la recibe.
  7. 9.7La solidaridad debe fortalecer la capacidad de las personas para cumplir sus responsabilidades, en lugar de crear dependencias innecesarias.
  8. 9.8La solidaridad dentro de la fraternidad debe cultivar, y no sustituir, la solidaridad con la comunidad humana en su conjunto.
Principio 10

La caridad trasciende la reciprocidad estricta

La caridad cristiana no se limita a quienes pueden ofrecer a cambio un beneficio equivalente.

  1. 10.1Los miembros deben reconocer que el amor al prójimo va más allá de la afinidad personal, la utilidad profesional y la ventaja recíproca.
  2. 10.2No debe negarse la ayuda por el solo hecho de que una persona no pueda retribuir de inmediato un beneficio u ofrecer una contribución correspondiente.
  3. 10.3Una dificultad genuina puede exigir una generosidad que vaya más allá de las obligaciones mínimas establecidas por reglas o acuerdos.
  4. 10.4La dignidad y el valor moral de una persona no dependen de su capacidad de corresponder.
  5. 10.5El apoyo mutuo debe dejar espacio a la generosidad gratuita, la misericordia, la hospitalidad y el sacrificio.
  6. 10.6La fraternidad debe distinguir entre la administración de recursos limitados y las exigencias morales más amplias de la caridad cristiana.
  7. 10.7La existencia de requisitos de contribución acordados no debe interpretarse como una definición completa de lo que los miembros se deben unos a otros en caridad.
  8. 10.8La reciprocidad ayuda a organizar la cooperación; la caridad confiere a la fraternidad cristiana una profundidad que no puede reducirse al intercambio.
Principio 11

La justicia y la caridad deben permanecer unidas

La caridad no excusa la injusticia, y la justicia no debe reducirse al mínimo necesario para evitar obrar mal.

  1. 11.1Los miembros deben honrar las obligaciones legítimas que se derivan de contratos, relaciones laborales, la propiedad, las responsabilidades familiares y otras relaciones.
  2. 11.2El salario justo, los acuerdos honestos, la administración responsable y el respeto a los derechos de los demás son responsabilidades morales, no actos opcionales de generosidad.
  3. 11.3Las donaciones y la ayuda caritativa no deben utilizarse para ocultar una conducta injusta, compensarla retóricamente o justificarla.
  4. 11.4Cuando se haya cometido una injusticia, deben considerarse los remedios y la restitución adecuados, junto con cualquier acto adicional de generosidad.
  5. 11.5La caridad debe animar la búsqueda de la justicia, incluida la preocupación por las personas que carecen del poder para defender sus intereses legítimos.
  6. 11.6La justicia debe proteger derechos y obligaciones, mientras que la caridad alienta una generosidad que va más allá de lo que puede exigirse en estricto derecho.
  7. 11.7Las relaciones fraternas deben facilitar que se afronte con honestidad el mal obrar, en lugar de proteger a los miembros de la rendición de cuentas.
  8. 11.8Ni la justicia ni la caridad deben invocarse de manera selectiva para excusar una conducta que, de otro modo, se reconocería como incorrecta.
Principio 12

La fraternidad debe prestar particular atención a sus miembros sin volverse indiferente hacia los demás

Una fraternidad tiene responsabilidades particulares que nacen de sus relaciones y compromisos, sin dejar de estar situada dentro de la comunidad moral más amplia.

  1. 12.1La fraternidad puede organizar sus recursos y actividades principalmente para apoyar la formación y el florecimiento de sus miembros.
  2. 12.2Este enfoque no implica que quienes no pertenecen a ella posean menor dignidad humana o carezcan de títulos legítimos a nuestra solicitud.
  3. 12.3Los miembros deben reconocer sus responsabilidades hacia las personas más allá de sus relaciones inmediatas, especialmente hacia quienes enfrentan graves carencias o situaciones de vulnerabilidad.
  4. 12.4La fraternidad debe alentar iniciativas caritativas que atiendan necesidades genuinas más allá de sus miembros.
  5. 12.5El alcance y la forma de la ayuda externa pueden determinarse con prudencia según los recursos, la competencia, la urgencia y los compromisos legítimos.
  6. 12.6La caridad hacia el exterior no debe tratarse como mera actividad de relaciones públicas, gestión de la reputación o medio para adquirir influencia.
  7. 12.7La fraternidad debe evitar definir su solidaridad a partir de la hostilidad, la indiferencia o la exclusión injustificada de otros.
  8. 12.8La responsabilidad particular y la caridad universal deben reforzarse mutuamente, en lugar de tratarse como absolutos morales en competencia.
Principio 13

Los pobres y los vulnerables merecen una particular atención moral

Una visión católica del florecimiento debe considerar no solo a quienes son capaces y exitosos, sino también a quienes padecen carencias, exclusión o un poder limitado.

  1. 13.1Las necesidades de los pobres, los enfermos, las personas con discapacidad, los ancianos, los que están de duelo y quienes son vulnerables de cualquier otro modo deben recibir una seria consideración moral.
  2. 13.2La ayuda debe atender a las circunstancias reales y no basarse únicamente en suposiciones sobre el mérito personal.
  3. 13.3La incapacidad de contribuir económica o profesionalmente no debe tratarse como prueba de una dignidad menor.
  4. 13.4Los miembros deben considerar cómo sus decisiones afectan a personas que tienen una capacidad limitada de influir en ellas.
  5. 13.5Los esfuerzos caritativos deben procurar aliviar el sufrimiento inmediato y, cuando sea factible, fortalecer las capacidades y perspectivas de quien recibe la ayuda.
  6. 13.6La ayuda debe brindarse con respeto y sin humillaciones innecesarias.
  7. 13.7La fraternidad debe evitar tratar la pobreza como un mero fracaso de la responsabilidad individual.
  8. 13.8La opción preferencial por los pobres debe orientar tanto las iniciativas caritativas como la valoración moral de las decisiones profesionales, económicas e institucionales.
Parte III

LA FORMACIÓN DE LA PERSONA: FE, PRUDENCIA Y VIRTUD

Principio 14

La formación interior debe preceder y acompañar a la transformación exterior

Una transformación duradera de las realidades profesionales y sociales requiere la formación de las personas que ejercen responsabilidades en ellas.

  1. 14.1Los miembros deben procurar una formación espiritual, intelectual y ética permanente.
  2. 14.2La formación debe abordar las decisiones reales que los miembros enfrentan en sus familias, profesiones, empresas, inversiones e instituciones.
  3. 14.3La reflexión debe examinar no solo la eficacia de las decisiones, sino también el carácter moral de la persona que las toma.
  4. 14.4Los miembros deben cultivar la capacidad de reconocer sus propias debilidades, intereses, sesgos y tentaciones.
  5. 14.5La formación debe alentar la conversión, el conocimiento de sí mismo, la responsabilidad y el crecimiento en la virtud.
  6. 14.6La fraternidad debe propiciar un ambiente en el que los miembros puedan reconocer la incertidumbre, el error, el temor y la necesidad de consejo.
  7. 14.7La sofisticación intelectual no debe confundirse con la madurez moral.
  8. 14.8Los frutos de la formación deben hacerse visibles en las decisiones, las relaciones, la conducta profesional y el servicio.
Principio 15

La fe ofrece el horizonte del discernimiento

La fe católica ilumina la comprensión de la persona humana, el sentido de la libertad, el uso de la riqueza, el ejercicio de la autoridad y la búsqueda del bien común.

  1. 15.1Los miembros deben procurar comprender el significado moral de sus decisiones a la luz del Evangelio y de la enseñanza de la Iglesia.
  2. 15.2La fe debe orientar las preguntas que se plantean antes de tomar decisiones, y no solo las explicaciones que se ofrecen después.
  3. 15.3Los miembros deben buscar la coherencia entre la fe que profesan y su conducta real.
  4. 15.4La fraternidad debe alentar un estudio serio de la Sagrada Escritura, la tradición católica, la teología moral y la Doctrina Social de la Iglesia, conforme a sus propósitos.
  5. 15.5Las convicciones personales deben examinarse, en lugar de presumir automáticamente que representan un juicio católico sólido.
  6. 15.6La fe debe alentar la humildad ante la verdad moral, no la seguridad de que las propias preferencias son necesariamente la voluntad de Dios.
  7. 15.7La fraternidad debe distinguir las enseñanzas de la Iglesia de los juicios prudenciales sobre los cuales los católicos fieles pueden razonablemente discrepar.
  8. 15.8El discernimiento fiel debe conducir a una mayor integridad, caridad, justicia y acción responsable.
Principio 16

La prudencia rige la aplicación de los principios a las circunstancias particulares

La prudencia es la virtud que permite a la persona discernir el verdadero bien en las circunstancias concretas y elegir los medios adecuados para alcanzarlo.

  1. 16.1Las decisiones importantes deben tomar en cuenta los hechos pertinentes, las consecuencias previsibles, las obligaciones legítimas, las alternativas disponibles y las incertidumbres relevantes.
  2. 16.2La prudencia exige algo más que la optimización técnica o la búsqueda del resultado más inmediatamente rentable.
  3. 16.3Los miembros deben distinguir lo que es posible de lo que es moralmente apropiado.
  4. 16.4Las decisiones deben tomar en cuenta tanto los beneficios que se pretenden como los daños razonablemente previsibles.
  5. 16.5La prudencia debe evitar tanto la acción temeraria como la parálisis que nace de rehuir toda responsabilidad incierta.
  6. 16.6Consultar a personas competentes puede mejorar el juicio sin transferirles la responsabilidad moral personal.
  7. 16.7Los miembros deben permanecer abiertos a revisar una decisión cuando cambien hechos relevantes.
  8. 16.8La prudencia debe traducir los principios sólidos en una acción proporcionada, oportuna y responsable.
Principio 17

Responsabilidad significa responder por lo que se nos ha confiado

El liderazgo, la riqueza, la autoridad, la experiencia y las oportunidades conllevan responsabilidades proporcionales a su naturaleza y a sus consecuencias.

  1. 17.1Los miembros deben reconocer que sus decisiones pueden afectar sustancialmente la vida de otras personas.
  2. 17.2La autoridad debe ejercerse como una responsabilidad al servicio de fines legítimos, no como un derecho a obtener ventajas personales.
  3. 17.3Los recursos deben administrarse con competencia, honestidad, previsión y consideración hacia quienes resultan afectados por su uso.
  4. 17.4Los miembros deben asumir la responsabilidad por las consecuencias previsibles, en lugar de atribuir cada fracaso a circunstancias externas.
  5. 17.5La responsabilidad incluye reconocer los errores y adoptar las medidas correctivas adecuadas.
  6. 17.6Delegar no elimina la obligación de supervisar el trabajo del que uno sigue siendo responsable.
  7. 17.7El alcance de la responsabilidad debe ser proporcional a la autoridad real, a la capacidad y a las obligaciones legítimas.
  8. 17.8Una administración fiel y responsable debe producir beneficios tangibles para las personas y los fines confiados a su cuidado.
Principio 18

Las virtudes cardinales deben dar forma a la conducta

Las virtudes de la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza deben guiar el ejercicio de la responsabilidad personal y profesional.

  1. 18.1La prudencia debe guiar el juicio sobre lo que se debe hacer.
  2. 18.2La justicia debe regir el respeto debido a Dios, a las demás personas, a los derechos legítimos y a las obligaciones.
  3. 18.3La fortaleza debe sostener la búsqueda del bien a pesar de las dificultades, las presiones o el costo personal.
  4. 18.4La templanza debe ordenar los deseos y el uso de los bienes materiales conforme a la razón y al bien moral.
  5. 18.5Los miembros deben resistir la tentación de excusar la injusticia porque resulta rentable o conveniente.
  6. 18.6Los miembros deben resistir la tentación de buscar influencia, riqueza, reconocimiento o control sin los debidos límites.
  7. 18.7La virtud debe cultivarse mediante la práctica, la reflexión, la corrección y la perseverancia.
  8. 18.8Las expectativas institucionales deben reforzar la conducta virtuosa sin pretender que las reglas por sí solas puedan forjar el carácter moral.
Principio 19

La veracidad es indispensable para la fraternidad

Una fraternidad digna de confianza exige honestidad respecto de los hechos, los motivos, las capacidades, los fracasos y las consecuencias de las decisiones.

  1. 19.1Los miembros deben hablar con verdad y evitar toda tergiversación deliberada.
  2. 19.2Los consejos deben ofrecerse con honestidad, y no ajustarse simplemente para agradar, impresionar u obtener una ventaja personal.
  3. 19.3Los miembros deben estar dispuestos a admitir cuando no saben algo, cuando han cometido un error o cuando necesitan otra perspectiva.
  4. 19.4Las verdades difíciles deben comunicarse con caridad y el debido respeto.
  5. 19.5La confidencialidad debe proteger la privacidad legítima, no encubrir fraudes, abusos o faltas graves.
  6. 19.6Los miembros deben distinguir entre hechos comprobados, interpretaciones razonables, opiniones personales y predicciones inciertas.
  7. 19.7El deseo de preservar la armonía no debe impedir la corrección moral necesaria.
  8. 19.8La confianza fraterna se fortalece cuando la verdad puede decirse sin manipulación y recibirse sin actitudes defensivas innecesarias.
Principio 20

La corrección fraterna debe servir al bien de la persona

Los miembros deben ayudarse mutuamente a reconocer sus errores y a crecer en la virtud mediante una corrección honesta, caritativa y proporcionada.

  1. 20.1La corrección debe buscar el bien de la persona y de quienes se ven afectados por su conducta.
  2. 20.2Debe fundarse en hechos pertinentes y en un razonamiento moral sólido, y no en el resentimiento o en preferencias personales.
  3. 20.3Los miembros deben distinguir los principios morales de los juicios prudenciales que admiten legítimas diferencias de opinión.
  4. 20.4La corrección debe respetar la dignidad y evitar humillaciones innecesarias.
  5. 20.5Quienes ofrecen una corrección deben permanecer abiertos a ser corregidos ellos mismos.
  6. 20.6Las faltas graves no deben pasarse por alto por el solo hecho de que la persona responsable sea influyente, exitosa o tenga buenas relaciones.
  7. 20.7La corrección fraterna debe alentar la responsabilidad, la restitución cuando corresponda y una auténtica mejora.
  8. 20.8Ningún miembro debe atribuirse infalibilidad ni arrogarse autoridad sobre la conciencia de otra persona más allá del ámbito legítimo de su función.
Parte IV

FRATERNIDAD, ACOMPAÑAMIENTO Y FORMACIÓN MUTUA

Principio 21

La fraternidad es una relación de acompañamiento, no una mera asociación

La fraternidad existe para ayudar a sus miembros a crecer en fidelidad, juicio, responsabilidad y en el cumplimiento de sus vocaciones.

  1. 21.1Los miembros deben tratarse unos a otros como personas a quienes acompañar, y no simplemente como contactos de los cuales obtener beneficios.
  2. 21.2La experiencia profesional y la influencia social deben ponerse al servicio de una auténtica formación y de la ayuda mutua.
  3. 21.3Las relaciones fraternas deben permitir a los miembros deliberar sobre decisiones trascendentes con honestidad y seriedad.
  4. 21.4Los miembros deben procurar comprender las circunstancias y responsabilidades de los demás antes de emitir un juicio.
  5. 21.5La calidad de las relaciones debe anteponerse a la acumulación de contactos o a la expansión de una red como fin en sí misma.
  6. 21.6Los miembros deben cultivar la confianza mediante la presencia, la fiabilidad, la discreción y una comunicación veraz.
  7. 21.7La fraternidad debe ayudar a los miembros a sobrellevar sus responsabilidades sin dar a entender que pueden eludir el juicio personal o la rendición de cuentas.
  8. 21.8El propósito último del acompañamiento es fortalecer la capacidad de cada persona para cumplir fielmente su vocación.
Principio 22

La confidencialidad protege el discernimiento honesto

Las relaciones fraternas dignas de confianza exigen una protección adecuada de la información compartida en confianza.

  1. 22.1Los miembros deben respetar la confidencialidad de los asuntos personales, familiares, profesionales y financieros revelados en espacios fraternos legítimos.
  2. 22.2La información no debe utilizarse para obtener ventajas personales, ni para la murmuración, la manipulación o fines comerciales no autorizados.
  3. 22.3Los miembros deben abstenerse de compartir información de otra persona sin el debido permiso.
  4. 22.4La confidencialidad debe entenderse con claridad, incluidos sus límites razonables.
  5. 22.5La confidencialidad no debe utilizarse para encubrir abusos, faltas graves, peligros inminentes o asuntos cuya revelación sea exigida por la ley aplicable o por obligaciones eclesiásticas legítimas.
  6. 22.6La información sensible debe manejarse con el debido cuidado y limitarse a quienes tengan una razón legítima para recibirla.
  7. 22.7Los miembros deben distinguir las conversaciones espirituales o personales de carácter confidencial de las relaciones ordinarias de vinculación profesional.
  8. 22.8La confianza se preserva cuando la discreción va unida a la verdad, a la rendición de cuentas y al respeto de los deberes legítimos.
Principio 23

El consejo mutuo debe mejorar el juicio sin sustituir a la conciencia

La fraternidad debe ofrecer un espacio en el que los miembros puedan examinar decisiones difíciles con la ayuda de pares experimentados y dignos de confianza.

  1. 23.1Debe alentarse a los miembros a buscar consejo antes de tomar decisiones trascendentes cuando la consulta pueda mejorar sustancialmente su juicio.
  2. 23.2El consejo debe arrojar luz sobre los hechos, las consecuencias, las alternativas, las obligaciones y las consideraciones morales.
  3. 23.3Los miembros no deben suponer que el acuerdo entre pares establece la rectitud moral de una decisión.
  4. 23.4La responsabilidad personal por las decisiones no debe transferirse al grupo.
  5. 23.5Los miembros deben conservar la libertad de expresar opiniones discrepantes y de señalar riesgos inadvertidos.
  6. 23.6El consejo debe ser proporcional a la competencia y al conocimiento de quienes lo ofrecen.
  7. 23.7La fraternidad debe reconocer cuándo es necesario el consejo profesional, jurídico, financiero, psicológico, médico o pastoral calificado.
  8. 23.8El discernimiento debe conducir a una acción mejor informada, y no a una deliberación interminable ni a la dependencia de la aprobación colectiva.
Principio 24

Las relaciones fraternas deben fomentar el crecimiento, no la dependencia

El apoyo mutuo debe aumentar la capacidad de los miembros para el juicio independiente y la acción responsable.

  1. 24.1Los miembros deben ayudarse unos a otros a desarrollar competencias, en lugar de monopolizar el conocimiento o el acceso.
  2. 24.2La mentoría debe capacitar a quienes la reciben para ejercer su propio juicio.
  3. 24.3La ayuda no debe condicionarse a la sumisión personal, a la dependencia emocional ni a una lealtad incondicional.
  4. 24.4Debe alentarse a los miembros a establecer relaciones adecuadas más allá de la fraternidad.
  5. 24.5La fraternidad debe formar líderes capaces de servir responsablemente en sus propias instituciones y comunidades.
  6. 24.6Nadie debe ser considerado indispensable para el desarrollo espiritual o profesional de otro.
  7. 24.7Un acompañamiento sano debe fortalecer la capacidad de agencia personal y la participación responsable en el mundo.
  8. 24.8El éxito de la fraternidad se refleja en la madurez y la libertad de sus miembros, no en su dependencia del grupo.
Parte V

VOCACIÓN, TRABAJO, LIDERAZGO Y AUTORIDAD

Principio 25

Toda vocación legítima puede convertirse en un lugar de servicio

Los miembros deben procurar cumplir su vocación cristiana en las responsabilidades concretas del trabajo, la familia, la empresa, la vida pública y la comunidad.

  1. 25.1Las responsabilidades profesionales ordinarias pueden convertirse en ocasiones para la práctica de la virtud y el servicio.
  2. 25.2Los miembros deben discernir cómo sus capacidades y circunstancias particulares pueden contribuir al bien de los demás.
  3. 25.3La excelencia profesional debe buscarse junto con la integridad moral.
  4. 25.4Una vocación legítima no debe juzgarse exclusivamente por el prestigio, los ingresos o el reconocimiento social.
  5. 25.5Los miembros deben considerar los efectos de su trabajo en colegas, colaboradores, clientes, familias, comunidades y en la sociedad.
  6. 25.6El cumplimiento de una vocación debe seguir siendo compatible con los deberes que se derivan del matrimonio, la paternidad y la maternidad, la vida familiar y otros compromisos legítimos.
  7. 25.7Ningún miembro debe suponer que toda ambición personal es necesariamente un llamado divino.
  8. 25.8El discernimiento vocacional debe conjugar la oración, el razonamiento moral, el consejo competente, la atención a las circunstancias y la acción responsable.
Principio 26

El trabajo debe respetar la dignidad humana

El trabajo es una actividad humana mediante la cual las personas contribuyen a la sociedad, desarrollan sus capacidades, sostienen a sus familias y participan en la creación de bienes y servicios útiles.

  1. 26.1Los trabajadores deben ser tratados como personas y no meramente como costos, unidades productivas o instrumentos de lucro.
  2. 26.2Las decisiones laborales deben considerar las necesidades legítimas de la empresa junto con la dignidad, los derechos y las circunstancias de los afectados.
  3. 26.3La remuneración y las condiciones de trabajo deben respetar la ley aplicable y las exigencias de la justicia.
  4. 26.4Los miembros deben oponerse a las prácticas que explotan la vulnerabilidad, engañan a los trabajadores o trasladan cargas injustas a quienes tienen menor poder de negociación.
  5. 26.5La excelencia profesional debe incluir honestidad, competencia, fiabilidad y respeto por las obligaciones legítimas.
  6. 26.6La cultura organizacional debe favorecer la responsabilidad, el trato justo y una participación humana significativa.
  7. 26.7La eficiencia y la rentabilidad no deben convertirse en criterios absolutos que prevalezcan sobre cualquier otra consideración moral.
  8. 26.8La calidad moral de una empresa depende en parte de cómo trata a las personas cuyo trabajo hace posible su actividad.
Principio 27

La autoridad debe ejercerse como servicio

La autoridad conlleva la responsabilidad de proteger los intereses legítimos, orientar la acción colectiva y promover el bien común.

  1. 27.1Los líderes deben ejercer la autoridad con prudencia, justicia, fortaleza y templanza.
  2. 27.2La autoridad debe emplearse para fines legítimos y no para la dominación personal o el engrandecimiento propio.
  3. 27.3Los líderes deben considerar las consecuencias humanas de sus decisiones.
  4. 27.4Cuanto mayor sea el impacto previsible de una decisión, mayor será la necesidad de un juicio cuidadoso y de rendición de cuentas.
  5. 27.5Los líderes deben escuchar a quienes se ven afectados por sus decisiones y tomar en cuenta el conocimiento pertinente de los distintos niveles de una organización.
  6. 27.6La autoridad legítima no debe confundirse con una discrecionalidad ilimitada.
  7. 27.7La rendición de cuentas debe acompañar a la autoridad en todos los niveles.
  8. 27.8La calidad del liderazgo debe valorarse por la integridad de su conducta, las responsabilidades que cumple y el bien que contribuye a generar.
Principio 28

La prudencia debe regir las decisiones sobre el crecimiento, la competencia y la moderación

Las decisiones profesionales y económicas requieren discernimiento sobre lo que debe procurarse, limitarse, posponerse o rechazarse.

  1. 28.1El crecimiento debe evaluarse en relación con los fines legítimos, las obligaciones morales, los riesgos y las consecuencias humanas.
  2. 28.2La competencia puede ser legítima, pero debe permanecer compatible con la justicia y el respeto a los demás.
  3. 28.3La colaboración debe procurarse cuando genere un auténtico beneficio mutuo sin exigir obrar mal ni abandonar responsabilidades legítimas.
  4. 28.4Los miembros deben estar dispuestos a rechazar oportunidades rentables cuando los medios requeridos sean inmorales o injustos.
  5. 28.5La moderación puede ser prudente cuando los costos, los riesgos o las consecuencias de la expansión sean desproporcionados.
  6. 28.6La viabilidad técnica no establece la licitud moral.
  7. 28.7Las decisiones deben considerar los efectos previsibles sobre los colaboradores, las familias, las comunidades y las demás partes afectadas.
  8. 28.8La pregunta central no es solo si una acción puede tener éxito, sino si debe emprenderse y cómo debe llevarse a cabo.
Parte VI

RIQUEZA, CAPITAL, PROPIEDAD Y ADMINISTRACIÓN RESPONSABLE

Principio 29

La riqueza es un bien legítimo, pero no un fin último

Los recursos materiales pueden sostener la estabilidad familiar, la empresa productiva, la generosidad, la educación y el cumplimiento de responsabilidades legítimas.

  1. 29.1La creación de riqueza mediante una actividad justa y productiva es compatible con la enseñanza moral católica.
  2. 29.2La riqueza debe entenderse en relación con las responsabilidades y oportunidades que genera.
  3. 29.3La búsqueda de la ganancia no debe convertirse en la norma exclusiva ni en el fin último de la actividad económica.
  4. 29.4Los miembros deben resistir la avaricia, la ostentación y la reducción del éxito a la acumulación material.
  5. 29.5Los logros financieros deben valorarse junto con la integridad, las responsabilidades familiares, el servicio y las consecuencias morales del modo en que la riqueza se adquiere y se utiliza.
  6. 29.6La riqueza no debe convertirse en pretexto para la indiferencia ante el sufrimiento humano.
  7. 29.7Los miembros deben procurar utilizar sus recursos de manera coherente con la justicia, la prudencia, la generosidad y el bien común.
  8. 29.8La cuestión moral no es solo cuánta riqueza se ha adquirido, sino cómo se adquirió, qué responsabilidades la acompañan y cómo se utiliza.
Principio 30

El derecho de propiedad debe ser respetado y rectamente ordenado

La propiedad privada puede proteger la autonomía personal y familiar, fomentar la responsabilidad y sostener la iniciativa productiva. Su ejercicio, sin embargo, conlleva responsabilidades sociales y morales.

  1. 30.1La propiedad adquirida legítimamente debe ser respetada.
  2. 30.2El derecho de propiedad no debe entenderse como una autorización para desatender las necesidades y los derechos legítimos de los demás.
  3. 30.3El uso de la propiedad debe considerarse a la luz del bien común y del destino universal de los bienes creados.
  4. 30.4Los miembros deben evitar usos derrochadores o abusivos de los recursos cuando estos dañen previsiblemente a otros o menoscaben bienes sociales legítimos.
  5. 30.5La propiedad debe favorecer una administración responsable y una contribución productiva.
  6. 30.6Las responsabilidades sociales asociadas a la propiedad no anulan automáticamente los derechos legítimos de propiedad ni autorizan la confiscación arbitraria.
  7. 30.7Las decisiones sobre el uso de la propiedad deben considerar las responsabilidades familiares, las obligaciones legales, los fines productivos y las oportunidades de generosidad.
  8. 30.8La propiedad debe entenderse como un bien legítimo cuyo ejercicio está sujeto a la responsabilidad moral.
Principio 31

El capital debe administrarse con responsabilidad para fines legítimos y productivos

El capital puede sostener la empresa, el empleo, la innovación, la resiliencia y la provisión de bienes y servicios.

  1. 31.1Las decisiones de inversión deben considerar tanto el desempeño financiero como las consecuencias morales pertinentes.
  2. 31.2Los miembros deben procurar comprender las actividades, las prácticas y los efectos previsibles de las empresas y los instrumentos en los que invierten.
  3. 31.3La rentabilidad, por sí sola, no establece la aceptabilidad moral de una inversión.
  4. 31.4El capital no debe emplearse mediante fraude, explotación, corrupción u otras prácticas injustas.
  5. 31.5Las decisiones financieras deben tomar en cuenta el riesgo, la liquidez, las obligaciones, los horizontes temporales y los intereses legítimos de las partes afectadas.
  6. 31.6Los miembros deben distinguir entre la asunción responsable de riesgos y la temeridad.
  7. 31.7La gestión del capital debe ser transparente para quienes tienen un derecho legítimo a conocer su uso.
  8. 31.8La inversión responsable debe procurar crear valor auténtico, respetando la dignidad humana y el bien común.
Principio 32

La administración financiera responsable requiere competencia y rendición de cuentas

Los recursos compartidos y los fondos confiados deben gestionarse con honestidad, con prudencia y conforme a sus fines legítimos.

  1. 32.1Las responsabilidades financieras deben estar claramente definidas.
  2. 32.2Las cuentas deben ser exactas y estar sujetas a una revisión adecuada.
  3. 32.3Los conflictos de interés deben darse a conocer y gestionarse.
  4. 32.4Los acuerdos de inversión y de préstamo deben regirse por términos claros.
  5. 32.5Quienes tengan fondos confiados a su cargo no deben utilizarlos para fines personales no autorizados.
  6. 32.6Los compromisos financieros deben ser realistas en relación con los recursos disponibles y las obligaciones previsibles.
  7. 32.7Debe recurrirse a la asesoría profesional independiente y a la auditoría cuando la escala y la complejidad de la actividad lo justifiquen.
  8. 32.8La administración financiera responsable debe preservar la confianza haciendo demostrable una gestión responsable.
Principio 33

La cooperación económica debe respetar la justicia y los límites morales

Los acuerdos de cooperación económica pueden mejorar el acceso al capital y a las oportunidades, pero deben permanecer sujetos a la ley moral.

  1. 33.1Los préstamos, las inversiones, las garantías y las empresas conjuntas deben regirse por acuerdos claros y justos.
  2. 33.2Los participantes deben comprender los riesgos y las obligaciones que asumen.
  3. 33.3Los acuerdos financieros no deben depender del engaño, la coacción ni la explotación de la vulnerabilidad de otra persona.
  4. 33.4Las condiciones del crédito deben evaluarse a la luz de la justicia, considerando la naturaleza de la operación, las obligaciones impuestas y las circunstancias de las partes.
  5. 33.5La condena de la usura por parte de la Iglesia debe tomarse con seriedad; su aplicación a instrumentos financieros concretos exige un análisis moral cuidadoso y no una calificación superficial.
  6. 33.6El incumplimiento y el fracaso financiero deben atenderse mediante procedimientos justos, conformes con las obligaciones legítimas y la ley aplicable.
  7. 33.7La fraternidad no debe prometer un éxito financiero garantizado ni la inmunidad frente al riesgo económico ordinario.
  8. 33.8El propósito de la cooperación económica es sostener un florecimiento legítimo, no hacer de la fraternidad un instrumento de explotación financiera ni de enriquecimiento privado a costa de los demás.
Parte VII

AYUDA MUTUA, RESILIENCIA Y GENEROSIDAD RESPONSABLE

Principio 34

Los miembros no deben enfrentar solos las dificultades graves

La fraternidad debe hacer más posible que los miembros afronten la adversidad con apoyo práctico, consejo sensato y la certeza de que sus circunstancias serán consideradas con dignidad.

  1. 34.1Los miembros deben cultivar una cultura en la que las necesidades legítimas puedan comunicarse con honestidad.
  2. 34.2La asistencia adecuada puede incluir consejo, ayuda práctica temporal, apoyo profesional, ayuda económica o la canalización hacia servicios calificados.
  3. 34.3La forma de la asistencia debe corresponder a la necesidad real y a las capacidades legítimas de la fraternidad.
  4. 34.4La asistencia debe ser lo bastante oportuna para atender las circunstancias que pretende remediar.
  5. 34.5Ningún miembro debe ser avergonzado por el mero hecho de padecer una enfermedad, el desempleo, dificultades familiares u otros reveses graves.
  6. 34.6La fraternidad debe distinguir las circunstancias ajenas al control de una persona del abuso deliberado o del incumplimiento reiterado de obligaciones legítimas.
  7. 34.7La ayuda mutua debe procurar preservar la dignidad, proteger a quienes legítimamente dependen de la persona y restablecer su capacidad cuando sea posible.
  8. 34.8La posibilidad de ofrecer asistencia debe entenderse como una responsabilidad que ha de ejercerse con prudencia, no como un derecho a controlar a quien la recibe.
Principio 35

La ayuda mutua debe ser sostenible y estar claramente regida

El deseo de ayudar a los demás debe ir unido a compromisos realistas, una administración responsable y criterios transparentes.

  1. 35.1Todo programa formal de asistencia debe establecer sus fines, criterios de elegibilidad, mecanismos de financiamiento y límites.
  2. 35.2Los compromisos deben reflejar los recursos reales y las obligaciones previsibles.
  3. 35.3La asistencia debe administrarse de manera justa y coherente.
  4. 35.4Debe protegerse la privacidad de quienes reciben ayuda.
  5. 35.5Quienes toman las decisiones deben declarar sus conflictos de interés y evitar el favoritismo.
  6. 35.6Deben existir procedimientos de apelación o revisión para las decisiones de consecuencia.
  7. 35.7Las excepciones de emergencia deben considerarse mediante procedimientos fundados en principios y no por discrecionalidad arbitraria.
  8. 35.8La sostenibilidad debe proteger la continuidad de la asistencia legítima sin que se utilice para justificar la indiferencia ante una necesidad humana urgente.
Principio 36

La contribución debe orientar la participación sin convertirse en medida del valor humano

Es razonable esperar que los miembros contribuyan a los fines comunes acordados, pero la contribución debe interpretarse a la luz de la capacidad, las circunstancias y la dignidad de la persona.

  1. 36.1La contribución puede incluir apoyo económico, conocimientos especializados, servicio, mentoría, organización, oración u otras formas legítimas de participación.
  2. 36.2Las expectativas deben ser proporcionadas a los fines del acuerdo y a las capacidades de los miembros.
  3. 36.3La incapacidad de contribuir debe distinguirse de la negativa deliberada a cumplir un compromiso legítimo y razonable.
  4. 36.4Los miembros no deben ser jerarquizados en su valor moral según sus ingresos, su posición profesional o sus aportaciones económicas.
  5. 36.5Las reglas que rigen el acceso a beneficios limitados deben ser transparentes y justas.
  6. 36.6La vulnerabilidad de un miembro no debe interpretarse automáticamente como prueba de un carácter deficiente.
  7. 36.7Las obligaciones legítimas pueden hacerse cumplir mediante procedimientos proporcionados que respeten la dignidad y la ley aplicable.
  8. 36.8La fraternidad debe alentar la contribución fiel sin convertir la pertenencia en un intercambio comercial ilimitado.
Principio 37

La asistencia debe restablecer la capacidad de agencia y alentar la acción responsable

El propósito de la asistencia es atender la necesidad legítima y, cuando sea posible, fortalecer la capacidad de quien la recibe para cumplir sus responsabilidades y perseguir metas valiosas.

  1. 37.1El apoyo debe diseñarse en función de las circunstancias reales de quien lo recibe.
  2. 37.2La asistencia puede incluir educación, herramientas, desarrollo profesional, mentoría, alivio económico temporal o acceso a servicios adecuados.
  3. 37.3Quienes reciben ayuda deben ser tratados como participantes en las decisiones que les afectan, y no meramente como objetos de administración.
  4. 37.4Las condiciones vinculadas a la asistencia deben ser pertinentes, proporcionadas y darse a conocer con claridad.
  5. 37.5El apoyo no debe utilizarse para imponer exigencias personales o ideológicas ajenas a él.
  6. 37.6Cuando proceda el reembolso, sus términos deben ser realistas y justos.
  7. 37.7La fraternidad debe reconocer cuándo es necesario un apoyo sostenido y cuándo deben intervenir otras instituciones o servicios calificados.
  8. 37.8La meta es fortalecer la capacidad humana sin negar la legitimidad de la asistencia que siga siendo necesaria.
Parte VIII

LA FAMILIA, LA RESPONSABILIDAD INTERGENERACIONAL Y EL DESARROLLO HUMANO

Principio 38

La familia es un ámbito fundamental de responsabilidad

Los compromisos profesionales y fraternos deben ordenarse de manera que respeten las responsabilidades legítimas que los miembros tienen hacia sus familias.

  1. 38.1Los miembros deben considerar los efectos de sus decisiones sobre su cónyuge, sus hijos, quienes dependen de ellos y sus demás responsabilidades familiares.
  2. 38.2La ambición profesional no debe anteponerse automáticamente a las obligaciones familiares.
  3. 38.3La fraternidad debe alentar a los miembros a examinar cómo distribuyen su tiempo, su atención, sus recursos y su autoridad dentro de la vida familiar.
  4. 38.4La asistencia a los miembros debe tomar en cuenta sus responsabilidades legítimas hacia quienes dependen de ellos.
  5. 38.5Las relaciones familiares no deben tratarse meramente como instrumentos de estatus social, de redes profesionales o de transmisión de riqueza.
  6. 38.6La fraternidad debe respetar las responsabilidades propias y la legítima autonomía de la vida familiar.
  7. 38.7La planeación intergeneracional debe favorecer la formación y el bienestar de los jóvenes, en lugar de imponerles una identidad o una carrera predeterminadas.
  8. 38.8El florecimiento de los miembros debe considerarse en relación con la salud y las necesidades legítimas de sus familias.
Principio 39

El conocimiento y la virtud deben transmitirse de generación en generación

Una comunidad floreciente busca transmitir sabiduría, competencia práctica, fe y responsabilidad moral sin hacer del privilegio heredado la medida de los derechos.

  1. 39.1Los miembros deben fomentar la educación y la formación de los jóvenes.
  2. 39.2El conocimiento práctico sobre el trabajo, las finanzas, el liderazgo, la responsabilidad y el servicio debe compartirse cuando sea oportuno.
  3. 39.3La mentoría debe ayudar a los jóvenes a desarrollar un juicio y una competencia propios.
  4. 39.4Los vínculos familiares pueden brindar oportunidades de aprendizaje, pero no deben sustituir automáticamente la preparación ni el mérito.
  5. 39.5Los recursos heredados deben administrarse con responsabilidad y atendiendo a sus fines legítimos.
  6. 39.6La transmisión de la fe católica debe respetar el papel propio de los padres, de la Iglesia y de otros educadores legítimos.
  7. 39.7Debe alentarse a las generaciones más jóvenes a examinar críticamente las prácticas heredadas a la luz de la verdad y de la responsabilidad moral.
  8. 39.8La continuidad intergeneracional debe preservar los bienes valiosos y, al mismo tiempo, permitir que cada generación responda con responsabilidad a las nuevas circunstancias.
Parte IX

GOBIERNO, JUSTICIA Y LOS LÍMITES LEGÍTIMOS DE LA AUTORIDAD

Principio 40

La fraternidad debe permanecer fiel a la Iglesia

La formación fraterna debe servir a la vocación católica de sus miembros sin atribuirse una autoridad que corresponde a la Iglesia o a otras instituciones legítimas.

  1. 40.1La fraternidad debe permanecer fiel a la doctrina católica y a la enseñanza moral de la Iglesia.
  2. 40.2Sus documentos de gobierno y sus actividades deben ser congruentes con los requisitos eclesiásticos aplicables.
  3. 40.3La fraternidad no debe presentar sus juicios internos como equivalentes a la autoridad magisterial de la Iglesia.
  4. 40.4Los miembros deben conservar la libertad de buscar orientación pastoral, sacramental, canónica y teológica adecuada ante las autoridades competentes de la Iglesia.
  5. 40.5El discernimiento fraterno no debe sustituir las responsabilidades legítimas de los obispos, sacerdotes, directores espirituales u otras autoridades competentes.
  6. 40.6La fraternidad debe distinguir sus propias reglas internas de las obligaciones que derivan del derecho canónico y de los principios morales universales.
  7. 40.7Cuando se requiera revisión o aprobación eclesiástica, esta debe solicitarse a la autoridad correspondiente.
  8. 40.8La identidad y la autonomía institucionales deben mantenerse dentro de los límites legítimos establecidos por la Iglesia y por la ley aplicable.
Principio 41

El gobierno debe servir a fines legítimos

La autoridad que se ejerce dentro de la fraternidad debe estar definida por sus fines, sus responsabilidades y sus normas de gobierno.

  1. 41.1La autoridad para tomar decisiones debe estar claramente asignada.
  2. 41.2Las decisiones de consecuencia deben regirse por procedimientos justos e inteligibles.
  3. 41.3Los dirigentes deben rendir cuentas del ejercicio de sus responsabilidades.
  4. 41.4Los conflictos de interés deben declararse y gestionarse.
  5. 41.5Los miembros deben contar con oportunidades adecuadas para expresar sus inquietudes y solicitar la revisión de decisiones importantes.
  6. 41.6Ningún dirigente debe atribuirse una autoridad ilimitada sobre la vida profesional, económica, familiar o espiritual de los miembros.
  7. 41.7El gobierno debe preservar la distinción entre las responsabilidades fraternas legítimas y los asuntos que pertenecen a la conciencia individual o a otras instituciones.
  8. 41.8La autoridad debe permanecer orientada al bien común y a los fines legítimos de la fraternidad.
Principio 42

La subsidiariedad debe orientar la distribución de responsabilidades

La subsidiariedad exige que las responsabilidades se ejerzan en el nivel adecuado, respetando la iniciativa y la competencia propia de las personas y de las comunidades menores, y brindando ayuda cuando sea necesario.

  1. 42.1Las personas deben conservar la responsabilidad sobre los asuntos que pueden gestionar de manera legítima y competente.
  2. 42.2Las familias, los organismos profesionales, los grupos locales y otras comunidades intermedias deben poder cumplir su papel propio sin un control central innecesario.
  3. 42.3Los niveles superiores de organización deben apoyar a los inferiores cuando las capacidades de estos sean insuficientes.
  4. 42.4La asistencia debe fortalecer la capacidad de actuar de las personas y de las comunidades menores, en lugar de suplir innecesariamente su iniciativa propia.
  5. 42.5Las decisiones deben tomarse tan cerca como razonablemente sea posible de las personas y circunstancias afectadas.
  6. 42.6Las responsabilidades que requieren una coordinación más amplia deben atenderse en un nivel capaz de abordarlas eficazmente.
  7. 42.7La subsidiariedad no debe convertirse en pretexto para abandonar a quienes verdaderamente necesitan ayuda.
  8. 42.8La debida distribución de la autoridad debe conjugar la iniciativa local, la coordinación eficaz y la responsabilidad por el bien común.
Principio 43

La solidaridad y la subsidiariedad deben actuar conjuntamente

La solidaridad sin subsidiariedad puede degenerar en un control paternalista; la subsidiariedad sin solidaridad puede convertirse en pretexto para la indiferencia.

  1. 43.1Los miembros deben ofrecer ayuda cuando otros carezcan de la capacidad o de los recursos para cumplir responsabilidades legítimas.
  2. 43.2La asistencia debe preservar tanta capacidad de agencia personal y local como razonablemente lo permitan las circunstancias.
  3. 43.3La fraternidad debe coordinar la acción cuando sea necesario un esfuerzo colectivo.
  4. 43.4Debe evitar centralizar decisiones que puedan tomar responsablemente las personas o los grupos menores.
  5. 43.5Los recursos compartidos deben utilizarse para fortalecer la iniciativa y la capacidad.
  6. 43.6El apoyo debe ser proporcionado a la necesidad y congruente con las obligaciones legítimas.
  7. 43.7Las decisiones deben considerar tanto la eficacia de la asistencia como sus efectos sobre la libertad y la responsabilidad de quien la recibe.
  8. 43.8La solidaridad y la subsidiariedad, juntas, buscan que las personas y las comunidades sean más capaces de cumplir sus fines propios.
Principio 44

La justicia exige procedimientos justos y consecuencias proporcionadas

Una fraternidad que establece obligaciones debe establecer también métodos justos para atender los desacuerdos y los incumplimientos.

  1. 44.1Las reglas deben ser lo bastante claras para orientar la conducta y prevenir un trato arbitrario.
  2. 44.2Los miembros deben tener la oportunidad de conocer las imputaciones y de responder a los señalamientos pertinentes.
  3. 44.3Quienes toman las decisiones deben ser imparciales y contar con la competencia adecuada.
  4. 44.4Las consecuencias deben ser proporcionadas a la gravedad de la conducta y al fin legítimo de la norma.
  5. 44.5Deben distinguirse los errores honestos, la incapacidad, la negligencia y la mala conducta deliberada.
  6. 44.6Deben considerarse la corrección y la restauración cuando sea oportuno.
  7. 44.7Las faltas graves no deben encubrirse por el mero propósito de proteger la reputación de la fraternidad o de un miembro influyente.
  8. 44.8Los procedimientos deben respetar la ley civil aplicable y las obligaciones eclesiásticas pertinentes.
Principio 45

La rendición de cuentas fraterna debe respetar la dignidad y la conciencia

La rendición de cuentas es necesaria para una cooperación digna de confianza, pero debe mantenerse dentro de límites morales e institucionales legítimos.

  1. 45.1Los miembros deben responder por los compromisos que han asumido libre y legítimamente.
  2. 45.2La rendición de cuentas debe orientarse a la verdad, la justicia, la corrección y la protección de los intereses legítimos.
  3. 45.3Ningún miembro debe ser obligado a revelar asuntos privados ajenos al caso con el mero fin de demostrar su lealtad.
  4. 45.4No debe utilizarse el lenguaje espiritual para intimidar a los miembros a fin de que acaten decisiones arbitrarias.
  5. 45.5Los miembros deben poder expresar su preocupación ante posibles faltas sin ser tratados automáticamente como desleales.
  6. 45.6La fraternidad no debe atribuirse autoridad para determinar la situación de una persona ante Dios ni para sustituir el ámbito propio de la confesión sacramental y de la dirección espiritual.
  7. 45.7Debe respetarse la confidencialidad legítima, y al mismo tiempo las faltas graves y los asuntos de protección de personas deben atenderse por los cauces adecuados.
  8. 45.8La rendición de cuentas debe fortalecer la responsabilidad moral sin convertirse en un mecanismo de dominación.
Principio 46

Los conflictos deben resolverse mediante la verdad, la justicia y la caridad

Los desacuerdos son inevitables dondequiera que las personas comparten responsabilidades y recursos. Su resolución debe preservar la justicia y buscar la reconciliación cuando sea posible.

  1. 46.1Los miembros deben procurar un diálogo directo y respetuoso cuando las circunstancias lo hagan oportuno.
  2. 46.2La mediación puede ayudar a resolver controversias que no puedan dirimirse mediante la conversación ordinaria.
  3. 46.3Pueden ser necesarios procedimientos más formales para controversias de consecuencia o imputaciones de mala conducta grave.
  4. 46.4Las partes deben tener una oportunidad justa de presentar la información pertinente.
  5. 46.5Las decisiones deben estar fundamentadas y sujetas a la revisión adecuada.
  6. 46.6La reconciliación no debe exigir negar las faltas cometidas ni renunciar a derechos legítimos.
  7. 46.7Deben procurarse la restitución, la corrección y la renovación de la confianza cuando sea oportuno y posible.
  8. 46.8La fraternidad debe buscar una paz fundada en la verdad y la justicia, no una armonía superficial sostenida mediante el silencio.
Parte X

CARIDAD, APOSTOLADO Y SERVICIO MÁS ALLÁ DE LA FRATERNIDAD

Principio 47

Los frutos del florecimiento fraterno deben extenderse hacia fuera

La formación de líderes católicos debe producir consecuencias más allá de la fraternidad misma.

  1. 47.1Los miembros deben procurar transformar las instituciones y comunidades en las que ejercen responsabilidad.
  2. 47.2La competencia profesional y los recursos materiales deben emplearse de manera que contribuyan a bienes sociales legítimos.
  3. 47.3La fraternidad debe alentar a los miembros a considerar cómo sus decisiones afectan a personas que no están representadas en la sala donde esas decisiones se toman.
  4. 47.4La acción caritativa debe ser expresión de una preocupación genuina por el bien de los demás, y no un mero instrumento para mejorar la reputación.
  5. 47.5Los miembros deben considerar oportunidades de servicio sostenido que correspondan a sus capacidades y recursos.
  6. 47.6La fraternidad debe distinguir el servicio genuino de la autopromoción.
  7. 47.7La ayuda externa debe respetar la dignidad y la capacidad de acción de quienes la reciben.
  8. 47.8El fruto de la formación debe hacerse visible en el servicio concreto, en el liderazgo responsable y en un ejercicio más justo del poder profesional y económico.
Principio 48

La caridad debe ser a la vez generosa y prudentemente organizada

La caridad eficaz une una preocupación genuina con un juicio cuidadoso sobre las necesidades, los recursos, la competencia y las consecuencias.

  1. 48.1Las iniciativas caritativas deben identificar las necesidades que buscan atender.
  2. 48.2La ayuda debe orientarse a fines legítimos y administrarse con responsabilidad.
  3. 48.3La urgencia y la gravedad de la necesidad deben orientar las prioridades.
  4. 48.4Los miembros deben considerar si su intervención es adecuada a su competencia y a sus recursos.
  5. 48.5La colaboración con organizaciones caritativas consolidadas puede mejorar la eficacia y la rendición de cuentas.
  6. 48.6Deben respetarse la dignidad y la privacidad de los beneficiarios.
  7. 48.7Las actividades caritativas deben evaluarse por sus beneficios reales y por el uso responsable de los recursos.
  8. 48.8La prudencia debe hacer más eficaz la generosidad, no servir de pretexto para retener indefinidamente la ayuda.
Principio 49

El servicio debe respetar la dignidad y la libertad de quienes son servidos

La caridad debe ayudar a las personas sin tratarlas como instrumentos de las ambiciones de quien da ni como objetos de control.

  1. 49.1La ayuda no debe exigir a quienes la reciben lealtad personal, conformidad ideológica ni beneficios ajenos a ella como contrapartida.
  2. 49.2Quienes reciben ayuda deben ser tratados con respeto y con la debida consideración de sus circunstancias.
  3. 49.3La ayuda no debe utilizarse para manipular a personas vulnerables ni para crear dependencias injustas.
  4. 49.4Cuando sea posible, la ayuda debe fortalecer la capacidad de quien la recibe para actuar por sí mismo y cumplir sus responsabilidades legítimas.
  5. 49.5Las condiciones del apoyo caritativo deben ser claras y proporcionadas.
  6. 49.6La fraternidad debe evitar la publicidad humillante o la exposición innecesaria de los beneficiarios.
  7. 49.7La caridad debe mantenerse distinta del intercambio comercial, del clientelismo político y de la compra de influencia.
  8. 49.8El éxito del servicio debe juzgarse por el bien que logra para quienes son servidos, y no solo por el reconocimiento que reporta a quien da.
Principio 50

La fraternidad debe transformar el mundo mediante una acción fiel

El liderazgo católico debe procurar mejorar las realidades confiadas a sus miembros sin apartarse de las responsabilidades legítimas de la vida ordinaria.

  1. 50.1Los miembros deben aportar seriedad moral a las decisiones que afectan a lugares de trabajo, empresas, inversiones, familias y comunidades.
  2. 50.2La transformación debe comenzar por la formación y la conversión de las personas que ejercen responsabilidad.
  3. 50.3Los miembros deben procurar mejoras prácticas en las condiciones en que las personas trabajan, aprenden, crean y participan.
  4. 50.4La acción fiel puede exigir construir, reformar, rechazar, corregir o retirarse de determinados esquemas.
  5. 50.5Los miembros deben procurar crear valor sin abandonar los límites morales.
  6. 50.6La fraternidad debe alentar la iniciativa responsable, y no solo la discusión sobre los problemas sociales.
  7. 50.7El impacto externo debe valorarse por sus consecuencias reales, no solo por las declaraciones de intención.
  8. 50.8El objetivo es servir a Dios y al prójimo mediante el cumplimiento responsable de la propia vocación en el mundo.
Parte XI

FORMACIÓN, MEDICIÓN Y CONTINUIDAD INTERGENERACIONAL

Principio 51

La formación debe ser continua

El crecimiento humano en virtud, juicio, competencia y responsabilidad exige un esfuerzo sostenido.

  1. 51.1Los miembros deben permanecer abiertos al aprendizaje a lo largo de toda su vida.
  2. 51.2La formación debe integrar las dimensiones espiritual, intelectual, ética y práctica.
  3. 51.3Los miembros deben volver sobre sus decisiones importantes y examinar lo que sus resultados revelan acerca de su juicio.
  4. 51.4La fraternidad debe alentar un compromiso serio con la enseñanza católica y con las realidades de la vida profesional.
  5. 51.5El aprendizaje debe orientarse a mejorar el juicio y la acción, y no a la mera acumulación de información.
  6. 51.6Los miembros deben estar dispuestos a reconocer sus debilidades y a buscar la ayuda adecuada.
  7. 51.7La formación debe adaptarse a las responsabilidades y circunstancias cambiantes.
  8. 51.8El crecimiento debe evaluarse por sus efectos en el carácter, las relaciones, las decisiones y el servicio.
Principio 52

La fraternidad debe medir lo que importa

La evaluación debe ayudar a la fraternidad a comprender si sus actividades están produciendo los beneficios espirituales, personales, profesionales, relacionales y sociales que se proponen.

  1. 52.1La evaluación debe considerar la calidad de la formación y la aplicación práctica de sus frutos.
  2. 52.2Debe alentarse a los miembros a valorar si sus decisiones reflejan cada vez más la fe, la prudencia y la responsabilidad.
  3. 52.3La fraternidad puede evaluar la eficacia de la ayuda mutua, la mentoría, las iniciativas caritativas y el desarrollo profesional.
  4. 52.4Las mediciones deben ser adecuadas al propósito que se evalúa.
  5. 52.5El éxito financiero, por sí solo, no debe tomarse como prueba de madurez espiritual ni de excelencia moral.
  6. 52.6Las mediciones cuantitativas deben complementarse con una reflexión cualitativa cuando los resultados involucran el carácter, las relaciones o el juicio moral.
  7. 52.7La evaluación debe proteger la confidencialidad legítima y evitar convertir la vida espiritual en un sistema de clasificaciones de desempeño.
  8. 52.8El propósito de la medición es mejorar la fidelidad y la eficacia, no cuantificar el valor de una persona ante Dios.
Principio 53

Las instituciones deben aprender del fracaso

Una fraternidad comprometida con la prudencia y la responsabilidad debe estar dispuesta a reconocer cuándo sus prácticas no sirven a sus fines legítimos.

  1. 53.1Los errores deben examinarse con honestidad.
  2. 53.2Los fracasos deben distinguirse según sus causas, entre ellas el error, la preparación insuficiente, la negligencia, la conducta indebida y las circunstancias que escapan a un control razonable.
  3. 53.3Las lecciones deben traducirse en mejoras adecuadas.
  4. 53.4Los miembros no deben quedar protegidos de la legítima rendición de cuentas solo por ser influyentes o exitosos.
  5. 53.5Los líderes deben estar dispuestos a revisar los procedimientos cuando la evidencia demuestre que son ineficaces o injustos.
  6. 53.6Las medidas correctivas deben ser proporcionadas al problema y orientarse a fines legítimos.
  7. 53.7La reputación institucional no debe anteponerse a la verdad ni a la protección de las personas afectadas por una falta.
  8. 53.8Una fraternidad madura aprende sin abandonar sus principios y se reforma sin tratar como inútil toda práctica establecida.
Principio 54

La responsabilidad intergeneracional debe ampliar las posibilidades futuras

La fraternidad debe procurar transmitir a las generaciones futuras conocimiento, virtud, oportunidades y una administración responsable.

  1. 54.1Los miembros deben considerar las consecuencias de largo plazo de sus decisiones.
  2. 54.2Los recursos deben gestionarse teniendo en cuenta las obligaciones futuras legítimas.
  3. 54.3La educación y la mentoría deben fortalecer las capacidades de los más jóvenes.
  4. 54.4Las ventajas heredadas no deben conferir automáticamente una exención de los estándares legítimos de competencia y responsabilidad.
  5. 54.5Las generaciones futuras deben heredar oportunidades de crecimiento, y no solo la obligación de preservar los esquemas existentes.
  6. 54.6La transmisión del patrimonio debe ir acompañada de formación en la administración responsable, la generosidad y la responsabilidad moral.
  7. 54.7La continuidad de largo plazo debe permanecer abierta a la corrección y a la adaptación.
  8. 54.8El objetivo último es ayudar a las generaciones futuras a cumplir fielmente sus propias vocaciones y responsabilidades legítimas.
Parte XII

EL COMPROMISO INTEGRADO

Principio 55

La fe, la prudencia y la responsabilidad deben permanecer unidas

Estos tres pilares expresan un modo integrado de vivir y de ejercer el liderazgo.

  1. 55.1La fe ofrece el horizonte dentro del cual se comprenden la persona, el trabajo, la autoridad, la riqueza y el servicio.
  2. 55.2La prudencia discierne cómo obrar rectamente en las circunstancias concretas.
  3. 55.3La responsabilidad responde por lo que ha sido confiado y por las consecuencias previsibles de la acción.
  4. 55.4La fe sin acción responsable corre el riesgo de desvincularse de las realidades de la vida.
  5. 55.5La competencia técnica sin formación moral corre el riesgo de servir a fines rentables pero injustos.
  6. 55.6La responsabilidad sin prudencia corre el riesgo de conducir a una acción temeraria o desproporcionada.
  7. 55.7La prudencia sin verdad moral corre el riesgo de reducirse a mero cálculo.
  8. 55.8Su integración debe producir una conducta coherente en la vida personal, las decisiones profesionales, la administración responsable de los bienes económicos y el servicio.
Principio 56

La fraternidad debe dar fruto

El valor de la fraternidad debe hacerse visible en la vida de sus miembros y en el bien legítimo que sus acciones ayudan a crear.

  1. 56.1Los miembros deben crecer en la capacidad de formular juicios morales y prácticos acertados.
  2. 56.2Las relaciones fraternas deben fortalecer la honestidad, la confianza, la rendición de cuentas y la ayuda mutua.
  3. 56.3Las responsabilidades profesionales y económicas deben ejercerse con mayor competencia y coherencia moral.
  4. 56.4La riqueza y la influencia deben administrarse con mayor responsabilidad.
  5. 56.5Las responsabilidades familiares y vocacionales deben recibir una atención más deliberada.
  6. 56.6Los miembros deben hacerse más capaces de servir a personas más allá de sus círculos inmediatos.
  7. 56.7Las prácticas institucionales deben evaluarse y mejorarse a la luz de sus efectos reales.
  8. 56.8La fraternidad debe seguir siendo un medio de formación y de servicio, nunca un fin que se anteponga a las personas y a los propósitos a cuyo servicio existe.
Declaración final

Florecer juntos, servir más allá de nosotros mismos

Reconocemos que toda persona ha sido creada por Dios, posee una dignidad inherente y está llamada a una vida ordenada a la verdad, al amor y a la plenitud del florecimiento humano.

Afirmamos que la fe debe informar la vida entera, que la prudencia debe guiar nuestras decisiones y que la responsabilidad debe regir el uso de los dones y oportunidades que nos han sido confiados.

Afirmamos que la reciprocidad fortalece la confianza, la mutualidad esclarece la responsabilidad compartida, la solidaridad hace efectiva la ayuda y la caridad lleva nuestra preocupación más allá de los límites del intercambio inmediato.

Afirmamos que la justicia y la caridad van unidas; que la riqueza es un bien legítimo, pero no un fin último; que la autoridad es una responsabilidad de servicio, y que la competencia profesional debe ir acompañada de integridad moral.

Nos comprometemos a formar nuestra vida interior para que nuestras acciones exteriores lleguen a ser más fieles, más justas, más prudentes y más fecundas.

Nos comprometemos a construir relaciones en las que los miembros puedan hablar con honestidad, discernir decisiones difíciles, ofrecer y recibir consejo, corregirse mutuamente con caridad y sobrellevar con mayor sabiduría sus responsabilidades legítimas.

Nos comprometemos a apoyarnos mutuamente en la adversidad, a compartir conocimiento y oportunidades, a administrar con responsabilidad los recursos y a cultivar las virtudes que exige un liderazgo fiel.

Nos comprometemos a respetar la dignidad y la libertad de toda persona, a proteger la confidencialidad legítima, a honrar las obligaciones justas y a rehusarnos a utilizar la fraternidad como instrumento de manipulación, explotación o dominio personal.

Nos comprometemos con el florecimiento de nuestros miembros y de sus familias, reconociendo que nuestras responsabilidades van más allá del éxito profesional y que nuestra vida compartida debe permanecer ordenada al bien común.

Nos comprometemos a servir a quienes están más allá de nuestra fraternidad mediante la caridad, el liderazgo responsable y el ejercicio fiel de nuestras vocaciones profesionales, empresariales, institucionales y personales.

Nos comprometemos a aprender del fracaso, a corregir lo que es injusto, a mejorar lo que es ineficaz y a asegurar que nuestras estructuras sigan siendo instrumentos de fines humanos y cristianos legítimos.

Reconocemos que nuestros recursos, talentos, autoridad y oportunidades nos han sido confiados. Por ello buscamos no solo acumular, sino administrar con responsabilidad; no solo tener éxito, sino dar buen fruto; no solo asociarnos, sino acompañar; no solo discernir, sino actuar.

No pretendemos que la fraternidad elimine la incertidumbre, que la riqueza garantice la virtud, que el éxito profesional demuestre la excelencia moral, ni que institución humana alguna pueda sustituir la gracia de Dios o la misión propia de la Iglesia.

Buscamos, en cambio, construir una fraternidad en la que la formación se haga conducta, la fe se haga coherencia, la prudencia se haga juicio recto, la responsabilidad se haga administración fiel y la solidaridad se haga ayuda tangible.

Buscamos florecer juntos, no mediante la exclusión de otros, sino mediante el desarrollo responsable de nuestros dones y el cumplimiento fiel de nuestras obligaciones.

Buscamos servir más allá de nosotros mismos, no como medio para adquirir prestigio, sino como expresión de la caridad cristiana y de la responsabilidad por el bien común.

Y buscamos hacer todo esto con la convicción de que la medida de nuestra vida compartida no es solo lo que poseemos, lo que logramos o la influencia que ejercemos, sino la fidelidad con que usamos lo que nos ha sido confiado al servicio de Dios y del prójimo.

La fe como nuestro horizonte.
La prudencia en nuestro discernimiento.
La responsabilidad en nuestra acción.
La reciprocidad en nuestras relaciones.
La solidaridad en nuestra fraternidad.
La caridad más allá de nuestro círculo.
El florecimiento al servicio del bien común.

Ad Majorem Dei Gloriam.

↑